lunes, 8 de abril de 2019

El crucero


Pájaros; libres de volar por todas partes; ya sea para buscar alimento o migrar a lugares exóticos, y yo, aburrido mirando el techo, divagando sobre la existencia de la vida, hasta que tocaron el timbre de entrada; “¿Quién será? Nadie me viene a visitar” pensé, mientras abría la puerta de entrada, encontrándome a “Mi mejor amigo”.
            ―Hola Felipe ―Saludo el chico con gorra y auriculares como collar
            ― ¿A qué has venido?
            ― ¿Tan seco respondes a tu leal amigo? ―Me crucé los brazos, me repose en el marco de la puerta mirándolo seriamente.
―Que dolor, ten ―Me entregó un pequeño sobre con un sello al estilo de Harry Potter.
            ― ¿Y esto?
            ―Para que salgas de tu madriguera y vengas conmigo… ¡ábrela!
            Fijé mi mirada hacia ese pequeño trozo de papel cubierto en otro trozo de papel “Que emoción” me dije con sarcasmo, procedí a abrir; grande fue mi sorpresa que era una invitación, y que estaba dirigida hacia mi persona.
            ― ¿Es otra de tus bromas?
            ―Que no hombre, a mí también me llego una igual, mira ―Saco otro papel idéntico al mío con la diferencia del destinatario.
            ―Esto me da mala espina.
            ―No seas así esto es como un regalo de los cielos ―Habló dando vueltas en su sitio y alzando los brazos.
            ―…
            ―Vamos, salimos a las dos y cuarto, te vengo a recoger ¿Vale? ―Dicho eso, se marchó.
            Guardé la invitación, entré a mi casa y me recosté en el sillón mirando el techo hasta quedarme dormido.
            Me levante, alcé mi celular el cual marcaba las dos, subí hacia mi cuarto y empecé a hacer maletas, lleve lo esencial para un crucero de una semana. Esperé a que llegara Carlos ― ¿Por dónde estará? ―me pregunté; pasaron 5, 10, 20 minutos, intente llamarlo, no me contesto.
            “Otra de sus bromas”, subí a desempacar, ― ¿Una carta? ­­―Agarré el trozo de papel de mi cama “tu amigo te espera en el puerto”.­
―Sabía que era otro de sus juegos ―Furioso agarré mis llaves y me fui caminando para plantarle en la cara todas mis molestias.
            Llegué al puerto, vacío, si se le podía describir así; me adentré más; niebla espesa adornaba el puerto; las campanas de los barcos sonaban al compás de las olas chocando con la orilla.
            ― ¡Carlos! sal de donde estés, no estoy jugando ―Miraba por todos lados, cajas de metal, sogas gastadas y a lo lejos una silueta, ­―Te encontré ―me acerque lentamente para no llamar la atención, alcé mi mano y…negro.
            (…)
            ―Mi cabeza…duele ―Susurré tratando de aguantar el dolor.
            ― ¿Dónde…estoy?­ ―Forcé mi vista para encontrar algo en esa oscuridad.
            Me levante, fui donde hubiera una pared y empecé a avanzar tocando esta hasta encontrar la puerta de la habitación. Al parecer me encontraba en una bóveda de máquinas, por el pasillo largo, los barriles apilados y las máquinas de agua caliente. Seguí mi camino, al final de este se encontraba una puerta entre-abierta mostrando una escalera a punto de caer.
            ― Huele a mariscos, me antojé de…espera… ¡El crucero! ―Grite y subí lo más rápido posible; abrí la puerta, ― ¡¿Cuántas puertas más voy a abrir?! ―un pasillo de habitaciones se presenciaba ante mis ojos ―Esto debe ser un chiste.
            Corrí por todo ese pasillo, buscando un indicio de vida “¿Una pizarra?”, me detuve en seco al ver por el rabillo de mi ojo ese objeto.
            ―Se solicita a todo el público reunirse en la proa del barco.
            Con algunas dudas en mi cabeza fui hacia el lugar establecido. Por todo mi camino no encontré más pasajeros, cada paso era más desesperante.
            ―Joven Felipe, bienvenido ―Me recibió un señor de traje con una sonrisa adornada y varios jóvenes atrás suyo.
            ― ¿Quién es usted? ―Avancé recibiendo la mirada de los demás.
            ―Pronto lo sabrá...bienvenidos a su primera misión muchachos.

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